lunes, 6 de octubre de 2008

Los roles del tutor de escritura: mi desempeño potencial con respecto a estos

Los tutores de los Centros de Escritura deben desarrollar ciertos roles que son tan diversos como complejos. Desde aliados hasta colabores, pasando por entrenadores, comentadores y consejeros, los tutores se convierten en aquella audiencia preparatoria que puede ser usada por el estudiante para “probar” su escrito. En las distintas etapas en que el alumno puede solicitar una asesoría, el tutor debe estar dispuesto a apoyarlo teniendo siempre en cuenta que es el estudiante el que tiene la decisión final sobre el escrito, y la autonomía para aplicar o no las recomendaciones recibidas. Personalmente, considero que si bien hay algunos aspectos sobre los que debo seguir trabajando, puedo realizar la labor que se espera de un tutor de un Centro de Escritura. Lo anterior obedece, entre otras cosas, a que puedo asumir la mayoría de roles que debe desempeñar un tutor, y estoy muy motivada con respecto a convertirme en funcionaria del Centro de Escritura Javeriano.


Con respecto a los roles, creo que los que podría asumir sin mayores dificultades son los de aliado, comentador, colaborador y par. Considero que tengo la habilidad para explicar las cosas de una manera sencilla y lograr hacerme entender. Además, tiendo a darle igual importancia a las preguntas aparentemente fáciles y a las complejas, y tengo mucho respeto para tomar seriamente cualquier interrogante que me planteen, por simple que parezca. Por otro lado, considero fundamental enfocarme en el sentido global de un texto para poder identificar en qué falta trabajar y fijar las metas necesarias para terminarlo. De esta forma, las estrategias utilizadas serían generales y podrían hacerse extensivas a otros escritos para que el estudiante pueda ponerlas en práctica por sí mismo en un futuro. Por lo demás, tengo claro que mi función no va a ser ni juzgar ni evaluar al alumno puesto que no me encuentro en un rango superior a él, y además ambos somos estudiantes y estamos realizando tareas similares. Teniendo esto suficientemente claro, es más sencillo proyectarme como un “par” del alumno y generar más confianza en él para pedir ayuda.


Sin embargo, considero que hay unos roles que no podría desarrollar todavía de manera completamente satisfactoria, estos son el de entrenador y consejero. Soy consciente de que es fundamental que el tutor instruya al estudiante y le haga observaciones a su escrito sin intervenir de forma directa en el texto y realizar el trabajo. No obstante, hay ocasiones en las que creo que un escrito puede quedar mejor de determinada manera y tiendo a ser muy directiva con mis recomendaciones. Además, si el tema me apasiona mucho, puede que quiera incidir sobre los argumentos del escritor del ensayo para que considere mis opiniones. Como jamás he sido tutora de escritura, lo anterior lo he hecho cuando mis compañeros me han pedido mi opinión con respecto a sus trabajos, pero en el caso de estar vinculada al Centro de Escritura, sé que es una dificultad que debo superar. Entre otras estrategias, puedo utilizar la de hacerle muchas preguntas al estudiante, de esta forma las observaciones que haga resultarán de lo dicho por parte del alumno y no serán el reflejo de mis opiniones personales sobre el tema.


Además del rol de comentador, creo que podré tener dificultades desempeñándome como “consejera”. Está claro que la vida de los estudiantes que llegan al Centro incluye mucho más que el trabajo sobre el cual quieren recomendaciones. En muchos casos, puede suceder que sus problemas personales interfieran con la tutoría y que nos hagan partícipes de sus dificultades personales. En estas eventualidades no creo ser capaz de darles consejos lo suficientemente buenos para hacerlos sentir mejor. No obstante, sí los puedo escuchar respetuosamente y tratar de ayudar en lo que pueda. Si el problema es muy grande y se me sale de las manos, lo que debería hacer sería sugerirle asistir al centro de bienestar universitario.


Con respecto a las sesiones de tutoría en sí, creo que lo que me hace falta es experiencia. Lo más cercano que he tenido a la conducción de una sesión de tutoría ha sido la simulación en la cámara de Gesell. Por lo tanto, cuando me enfrente a un caso real puede ser que sienta ansiedad, pero no creo que incida en los resultados finales de la asesoría. Además, hemos recibido suficiente información sobre cómo abordar un caso real y cómo estructurar una sesión, lo cual actúa como una herramienta fundamental para nuestro desempeño. Por otro lado, aunque no he trabajado en un centro de escritura sí he leído un número considerable de escritos de otros estudiantes y he hecho observaciones, no solo a los textos de mis amigos, sino también a los de otros alumnos de una materia de la cual soy monitora.


Aunque no hemos establecido formalmente cuánto durará cada tutoría, el tiempo de cada sesión es algo que me inquieta bastante. Quiero poder desempeñarme muy bien como tutora y de verdad ser una ayuda para el estudiante que llegue al Centro. Por esto, me preocupa no poder abordar todos los interrogantes de los alumnos y que se vayan inseguros a continuar o a empezar sus escritos. Si alguien llega con un ensayo de ocho o más páginas sobre un tema completamente nuevo para mí, me va producir mucha ansiedad no poder abordarlo en su totalidad debido a la densidad del escrito. No obstante, soy consciente de que sí lograré realizar recomendaciones sobre ciertos puntos y podré proponerle al estudiante que vuelva a pedir una cita si lo considera necesario.


Personalmente, no me incomoda tener que trabajar con estudiantes, si fuera tal el caso, de seguro no habría considerado ser tutora de escritura. Es más, me gusta mucho poder ayudar a las personas en temas en los que me siento segura, y disfruto sintiéndome útil. Sin embargo, tiendo a tomarme de manera personal los trabajos en los que me piden mi opinión y a veces considero que es mi responsabilidad que quede bien hecho. Por esto, pienso que debo trabajar en hacerme a la idea de que los trabajos que voy a leer no son míos y las notas que obtengan no son mi responsabilidad. De esta forma, podré concederle un mayor margen de acción al estudiante y permitir que se beneficie de mis sugerencias sin restarle autonomía a su escrito. Además, podre esbozar recomendaciones generales que el alumno podrá aprender y poner en práctica por sí mismo.


Las funciones de un tutor de escritura son tan diversas, como complejas. No solo debe constituirse en un lector intermedio entre el escritor y el evaluador, sino que en el proceso debe desempeñarse como un acompañante del estudiante al que no solo le hará sugerencias, sino que lo ayudará a desarrollar ciertas habilidades y a convertirse en un mejor escritor. Todo lo anterior debe realizarse con la plena consciencia de que el tutor no está en una posición diferente a la del alumno, sino que por el contrario, comparte muchas de sus experiencias. De esta forma, se creará un vínculo necesario entre ambos para poder hacer una buena tutoría. Aunque creo que soy capaz de llevar a cabo la mayoría de los roles que debería desempeñar un tutor, existen algunos en los cuales debo mejorar. Sin embargo, pienso que podré ir solucionando algunas dificultades con la práctica y teniendo en cuenta la retroalimentación de los estudiantes. Por lo pronto, tengo muchas ganas de convertirme en tutora de escritura y empezar a cambiar el paradigma de que muchos alumnos universitarios no escriben bien.

sábado, 4 de octubre de 2008

Matriz DOFA


Fortalezas

Debilidades


Me gusta ayudar a la gente en temas que conozco y en los cuales sé que me puedo desempeñar bien.


Conozco y manejo los pasos del proceso de escritura.


Redacto bien.


Tengo paciencia para explicar temas con detenimiento.


Disfruto mucho la escritura.


Tengo facilidad para hacerme entender.

En ocasiones suelo ser directiva con las sugerencias que doy.


Me involucro mucho con el trabajo/texto de la persona que estoy asesorando.


Me desagrada bastante cuando la persona no está concentrada o interesada en lo que le estoy diciendo.

Amenazas

El hecho de que me sienta segura de algunas de mis habilidades puede hacer que me torne autoritaria y directiva.


Existe la posibilidad de que me centre demasiado en mis conocimientos y no le de la importancia necesaria a los del alumno.

Si la persona no demuestra interés en mi trabajo puede que me desanime de las tutorías y pierda confianza en mi labor.


Si la persona aplica mis consejos y aún así obtiene una mala nota, me lo podría tomar de manera personal y desmotivarme.

Oportunidades

Voy a tener la posibilidad de ayudar a muchas personas a mejorar en una de las actividades que más me gusta.


En la medida en que logre un buen desempeño como tutora, voy a tener más seguridad y confianza para seguir trabajando como tal.


Voy a reforzar mis conocimientos sobre el proceso de la escritura.


Voy a poder observar el proceso de surgimiento de nuevos escritores y todos los avances logrados por los estudiantes.

Tendré la oportunidad de probarme a mí misma como tutora y tratar de ser menos autoritaria con mis comentarios.


Podré observar los avances alcanzados por un alumno siendo consciente de que ese no es mi proyecto ni mi calificación.


Será un reto personal poder motivar a la otra persona e interesarla en mis recomendaciones y sugerencias sobre su trabajo.

viernes, 3 de octubre de 2008

Reseña: "Enseñar a escribir en todas las materias: cómo hacerlo en la universidad" 1

En su texto, Paula Carlino se dedica a examinar 3 formas para enseñar a escribir, utilizadas en aproximadamente 30 universidades estatales y privadas de Norteamérica. Aunque diferentes, estas prácticas coinciden en su concepción de la escritura: un proceso fundamental para aprender cualquier materia y desempeñarse en una disciplina, el cual no ha terminado al comienzo de la universidad. Todas las instituciones educativas estudiadas, comparten la idea de que es necesaria una tercera instancia aparte del escritor (alumno) y del evaluador (docente). Esta instancia, desempeñaría una función retroalimentadora de los textos de los alumnos, impulsaría las operaciones de revisión y le mostraría al escritor el efecto que produce su texto sobre un lector. Es necesario subrayar que estos servicios no se prestan en un curso universitario inicial, sino a través de programas especializados en la escritura dentro de las distintas disciplinas.


El primero de estos programas y de las formas para enseñar a escribir son los tutores de escritura. Estos trabajan en los Centros de Escritura de cada universidad y su labor consiste en ayudar al estudiante que está dispuesto a reescribir su texto antes de entregarlo para ser evaluado, y que además desea discutir el borrador de su escrito con un lector intermedio. Los tutores no pretenden solucionar los problemas de escritura a corto plazo ni actuar como meros correctores, sino que buscan apoyar al escritor en su proceso sin juzgarlo, y actuar como una audiencia preliminar para que el alumno “pruebe” su texto. Pese a que el tutor debe señalarle al estudiante qué partes del texto necesitan ser reescritas, no debe actuar de modo asistencialista sino enseñarle los criterios que guían la revisión del texto para que el alumno avance en su proceso de escritura y pueda identificar sus errores más fácilmente.


La segunda forma de escritura mencionada por Carlino es la de los “compañeros de escritura en las materias”. Aunque la labor de éstos es similar a la de los tutores, los compañeros no son personas aisladas de los cursos universitarios, sino que asisten a las asignaturas que utilizan esta forma de enseñanza. De esta manera, dentro del curriculum se añade un complemento que comprende la fase de corrección de escritos. Es decir, antes de que los alumnos le entreguen al profesor sus textos para que los evalúe, los compañeros de escritura los leen y los devuelven a los estudiantes con observaciones para que sean reescritos.


Por último, Carlino hace referencia a las “materias de escritura intensiva”. Estas son asignaturas ya existentes en las carreras, las cuales han sido adaptadas para que incluyan un componente redaccional. Además de los contenidos propios de cada disciplina, estas materias deben incluir un mínimo de condiciones para poder ser catalogadas como asignaturas de escritura intensiva. Entre otras cosas, deben contar con muchas tareas de escritura, permitirle al alumno que realice sus escritos en varios pasos, destinar tiempo de la clase solo para escribir, incluir tutorías individuales de los estudiantes con el docente, los profesores deben participar en seminarios de capacitación de escritura, etc.


Si bien todas estas formas de enseñanza de escritura son bastante complejas, y según Carlino muy productivas, solo una de ellas se está comenzando a implementar en la Pontificia Universidad Javeriana Cali, la de los tutores de escritura. Aunque el Centro no se haya abierto formalmente todavía, los avances alcanzados son muchos, los tutores potenciales se están preparando y ya está próximo a empezar a funcionar. Sin embargo, la Universidad está bastante lejos de las formas de enseñanza de escritura restantes. Con respecto a los “compañeros de escritura en las materias” lo que más se le asemeja son los monitores. No obstante, en muchas asignaturas la labor de dichos monitores no tiene nada que ver con la escritura, y en las materias donde sí tienen que colaborarle a los alumnos con sus textos, su trabajo no es el mismo del “compañero de escritura”. Por último, las “materias de escritura intensiva” son quizá la forma más alejada de la que se encuentra la Universidad. En la Javeriana, no todas las carreras cuentan con cursos especiales para formar a los estudiantes en el arte de escribir. A lo sumo tienen estos cursos una o dos carreras, pero ninguna cuenta con una asignatura en la que se enseñen los temas propios de la disciplina y además se incorpore el componente redaccional del que habla Carlino. Esto explica porqué algunos estudiantes tienen tantas dificultades a la hora de escribir un texto.


Por otro lado, y considerando las características propias de cada forma de enseñanza utilizada en las universidades norteamericanas, considero que la de los “compañeros de escritura en las materias” es la más efectiva y práctica. Este método combina los mejores aspectos de las formas restantes: reúne a los tutores y a las materias que le dan prioridad a la escritura. Así, los estudiantes cuentan con personas entrenadas en el proceso de escritura que además están familiarizadas con los temas sobre los cuales van a escribir los alumnos, puesto que los “compañeros” deben asistir a las clases. Con este sistema, los profesores deben incluir en el programa de clase ciertos momentos para que los estudiantes se reúnan con los “compañeros” y les deben dar tiempo para que adopten las observaciones y reescriban sus textos. De esta forma, se obtienen los beneficios de las tutorías sin que el estudiante deba utilizar su tiempo fuera de clase para asistir al Centro, y sin tener que realizar cambios abruptos en la estructura de las asignaturas para que sean catalogadas “de escritura intensiva.”

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Carlino, P. Ponencia invitada en el Panel sobre “Enseñanza de la escritura”, Seminario Internacional de Inauguración Subsede Cátedra UNESCO Lectura y escritura: nuevos desafíos, Facultad de Educación, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 6 de abril de 2002. Disponible en: http://www.unne.edu.ar/institucional/documentos/lecturayescritura08/carlino.pdf