Los tutores de los Centros de Escritura deben desarrollar ciertos roles que son tan diversos como complejos. Desde aliados hasta colabores, pasando por entrenadores, comentadores y consejeros, los tutores se convierten en aquella audiencia preparatoria que puede ser usada por el estudiante para “probar” su escrito. En las distintas etapas en que el alumno puede solicitar una asesoría, el tutor debe estar dispuesto a apoyarlo teniendo siempre en cuenta que es el estudiante el que tiene la decisión final sobre el escrito, y la autonomía para aplicar o no las recomendaciones recibidas. Personalmente, considero que si bien hay algunos aspectos sobre los que debo seguir trabajando, puedo realizar la labor que se espera de un tutor de un Centro de Escritura. Lo anterior obedece, entre otras cosas, a que puedo asumir la mayoría de roles que debe desempeñar un tutor, y estoy muy motivada con respecto a convertirme en funcionaria del Centro de Escritura Javeriano.
Con respecto a los roles, creo que los que podría asumir sin mayores dificultades son los de aliado, comentador, colaborador y par. Considero que tengo la habilidad para explicar las cosas de una manera sencilla y lograr hacerme entender. Además, tiendo a darle igual importancia a las preguntas aparentemente fáciles y a las complejas, y tengo mucho respeto para tomar seriamente cualquier interrogante que me planteen, por simple que parezca. Por otro lado, considero fundamental enfocarme en el sentido global de un texto para poder identificar en qué falta trabajar y fijar las metas necesarias para terminarlo. De esta forma, las estrategias utilizadas serían generales y podrían hacerse extensivas a otros escritos para que el estudiante pueda ponerlas en práctica por sí mismo en un futuro. Por lo demás, tengo claro que mi función no va a ser ni juzgar ni evaluar al alumno puesto que no me encuentro en un rango superior a él, y además ambos somos estudiantes y estamos realizando tareas similares. Teniendo esto suficientemente claro, es más sencillo proyectarme como un “par” del alumno y generar más confianza en él para pedir ayuda.
Sin embargo, considero que hay unos roles que no podría desarrollar todavía de manera completamente satisfactoria, estos son el de entrenador y consejero. Soy consciente de que es fundamental que el tutor instruya al estudiante y le haga observaciones a su escrito sin intervenir de forma directa en el texto y realizar el trabajo. No obstante, hay ocasiones en las que creo que un escrito puede quedar mejor de determinada manera y tiendo a ser muy directiva con mis recomendaciones. Además, si el tema me apasiona mucho, puede que quiera incidir sobre los argumentos del escritor del ensayo para que considere mis opiniones. Como jamás he sido tutora de escritura, lo anterior lo he hecho cuando mis compañeros me han pedido mi opinión con respecto a sus trabajos, pero en el caso de estar vinculada al Centro de Escritura, sé que es una dificultad que debo superar. Entre otras estrategias, puedo utilizar la de hacerle muchas preguntas al estudiante, de esta forma las observaciones que haga resultarán de lo dicho por parte del alumno y no serán el reflejo de mis opiniones personales sobre el tema.
Además del rol de comentador, creo que podré tener dificultades desempeñándome como “consejera”. Está claro que la vida de los estudiantes que llegan al Centro incluye mucho más que el trabajo sobre el cual quieren recomendaciones. En muchos casos, puede suceder que sus problemas personales interfieran con la tutoría y que nos hagan partícipes de sus dificultades personales. En estas eventualidades no creo ser capaz de darles consejos lo suficientemente buenos para hacerlos sentir mejor. No obstante, sí los puedo escuchar respetuosamente y tratar de ayudar en lo que pueda. Si el problema es muy grande y se me sale de las manos, lo que debería hacer sería sugerirle asistir al centro de bienestar universitario.
Con respecto a las sesiones de tutoría en sí, creo que lo que me hace falta es experiencia. Lo más cercano que he tenido a la conducción de una sesión de tutoría ha sido la simulación en la cámara de Gesell. Por lo tanto, cuando me enfrente a un caso real puede ser que sienta ansiedad, pero no creo que incida en los resultados finales de la asesoría. Además, hemos recibido suficiente información sobre cómo abordar un caso real y cómo estructurar una sesión, lo cual actúa como una herramienta fundamental para nuestro desempeño. Por otro lado, aunque no he trabajado en un centro de escritura sí he leído un número considerable de escritos de otros estudiantes y he hecho observaciones, no solo a los textos de mis amigos, sino también a los de otros alumnos de una materia de la cual soy monitora.
Aunque no hemos establecido formalmente cuánto durará cada tutoría, el tiempo de cada sesión es algo que me inquieta bastante. Quiero poder desempeñarme muy bien como tutora y de verdad ser una ayuda para el estudiante que llegue al Centro. Por esto, me preocupa no poder abordar todos los interrogantes de los alumnos y que se vayan inseguros a continuar o a empezar sus escritos. Si alguien llega con un ensayo de ocho o más páginas sobre un tema completamente nuevo para mí, me va producir mucha ansiedad no poder abordarlo en su totalidad debido a la densidad del escrito. No obstante, soy consciente de que sí lograré realizar recomendaciones sobre ciertos puntos y podré proponerle al estudiante que vuelva a pedir una cita si lo considera necesario.
Personalmente, no me incomoda tener que trabajar con estudiantes, si fuera tal el caso, de seguro no habría considerado ser tutora de escritura. Es más, me gusta mucho poder ayudar a las personas en temas en los que me siento segura, y disfruto sintiéndome útil. Sin embargo, tiendo a tomarme de manera personal los trabajos en los que me piden mi opinión y a veces considero que es mi responsabilidad que quede bien hecho. Por esto, pienso que debo trabajar en hacerme a la idea de que los trabajos que voy a leer no son míos y las notas que obtengan no son mi responsabilidad. De esta forma, podré concederle un mayor margen de acción al estudiante y permitir que se beneficie de mis sugerencias sin restarle autonomía a su escrito. Además, podre esbozar recomendaciones generales que el alumno podrá aprender y poner en práctica por sí mismo.
Las funciones de un tutor de escritura son tan diversas, como complejas. No solo debe constituirse en un lector intermedio entre el escritor y el evaluador, sino que en el proceso debe desempeñarse como un acompañante del estudiante al que no solo le hará sugerencias, sino que lo ayudará a desarrollar ciertas habilidades y a convertirse en un mejor escritor. Todo lo anterior debe realizarse con la plena consciencia de que el tutor no está en una posición diferente a la del alumno, sino que por el contrario, comparte muchas de sus experiencias. De esta forma, se creará un vínculo necesario entre ambos para poder hacer una buena tutoría. Aunque creo que soy capaz de llevar a cabo la mayoría de los roles que debería desempeñar un tutor, existen algunos en los cuales debo mejorar. Sin embargo, pienso que podré ir solucionando algunas dificultades con la práctica y teniendo en cuenta la retroalimentación de los estudiantes. Por lo pronto, tengo muchas ganas de convertirme en tutora de escritura y empezar a cambiar el paradigma de que muchos alumnos universitarios no escriben bien.