En su texto, Paula Carlino se dedica a examinar 3 formas para enseñar a escribir, utilizadas en aproximadamente 30 universidades estatales y privadas de Norteamérica. Aunque diferentes, estas prácticas coinciden en su concepción de la escritura: un proceso fundamental para aprender cualquier materia y desempeñarse en una disciplina, el cual no ha terminado al comienzo de la universidad. Todas las instituciones educativas estudiadas, comparten la idea de que es necesaria una tercera instancia aparte del escritor (alumno) y del evaluador (docente). Esta instancia, desempeñaría una función retroalimentadora de los textos de los alumnos, impulsaría las operaciones de revisión y le mostraría al escritor el efecto que produce su texto sobre un lector. Es necesario subrayar que estos servicios no se prestan en un curso universitario inicial, sino a través de programas especializados en la escritura dentro de las distintas disciplinas.
El primero de estos programas y de las formas para enseñar a escribir son los tutores de escritura. Estos trabajan en los Centros de Escritura de cada universidad y su labor consiste en ayudar al estudiante que está dispuesto a reescribir su texto antes de entregarlo para ser evaluado, y que además desea discutir el borrador de su escrito con un lector intermedio. Los tutores no pretenden solucionar los problemas de escritura a corto plazo ni actuar como meros correctores, sino que buscan apoyar al escritor en su proceso sin juzgarlo, y actuar como una audiencia preliminar para que el alumno “pruebe” su texto. Pese a que el tutor debe señalarle al estudiante qué partes del texto necesitan ser reescritas, no debe actuar de modo asistencialista sino enseñarle los criterios que guían la revisión del texto para que el alumno avance en su proceso de escritura y pueda identificar sus errores más fácilmente.
La segunda forma de escritura mencionada por Carlino es la de los “compañeros de escritura en las materias”. Aunque la labor de éstos es similar a la de los tutores, los compañeros no son personas aisladas de los cursos universitarios, sino que asisten a las asignaturas que utilizan esta forma de enseñanza. De esta manera, dentro del curriculum se añade un complemento que comprende la fase de corrección de escritos. Es decir, antes de que los alumnos le entreguen al profesor sus textos para que los evalúe, los compañeros de escritura los leen y los devuelven a los estudiantes con observaciones para que sean reescritos.
Por último, Carlino hace referencia a las “materias de escritura intensiva”. Estas son asignaturas ya existentes en las carreras, las cuales han sido adaptadas para que incluyan un componente redaccional. Además de los contenidos propios de cada disciplina, estas materias deben incluir un mínimo de condiciones para poder ser catalogadas como asignaturas de escritura intensiva. Entre otras cosas, deben contar con muchas tareas de escritura, permitirle al alumno que realice sus escritos en varios pasos, destinar tiempo de la clase solo para escribir, incluir tutorías individuales de los estudiantes con el docente, los profesores deben participar en seminarios de capacitación de escritura, etc.
Si bien todas estas formas de enseñanza de escritura son bastante complejas, y según Carlino muy productivas, solo una de ellas se está comenzando a implementar en la Pontificia Universidad Javeriana Cali, la de los tutores de escritura. Aunque el Centro no se haya abierto formalmente todavía, los avances alcanzados son muchos, los tutores potenciales se están preparando y ya está próximo a empezar a funcionar. Sin embargo, la Universidad está bastante lejos de las formas de enseñanza de escritura restantes. Con respecto a los “compañeros de escritura en las materias” lo que más se le asemeja son los monitores. No obstante, en muchas asignaturas la labor de dichos monitores no tiene nada que ver con la escritura, y en las materias donde sí tienen que colaborarle a los alumnos con sus textos, su trabajo no es el mismo del “compañero de escritura”. Por último, las “materias de escritura intensiva” son quizá la forma más alejada de la que se encuentra la Universidad. En la Javeriana, no todas las carreras cuentan con cursos especiales para formar a los estudiantes en el arte de escribir. A lo sumo tienen estos cursos una o dos carreras, pero ninguna cuenta con una asignatura en la que se enseñen los temas propios de la disciplina y además se incorpore el componente redaccional del que habla Carlino. Esto explica porqué algunos estudiantes tienen tantas dificultades a la hora de escribir un texto.
Por otro lado, y considerando las características propias de cada forma de enseñanza utilizada en las universidades norteamericanas, considero que la de los “compañeros de escritura en las materias” es la más efectiva y práctica. Este método combina los mejores aspectos de las formas restantes: reúne a los tutores y a las materias que le dan prioridad a la escritura. Así, los estudiantes cuentan con personas entrenadas en el proceso de escritura que además están familiarizadas con los temas sobre los cuales van a escribir los alumnos, puesto que los “compañeros” deben asistir a las clases. Con este sistema, los profesores deben incluir en el programa de clase ciertos momentos para que los estudiantes se reúnan con los “compañeros” y les deben dar tiempo para que adopten las observaciones y reescriban sus textos. De esta forma, se obtienen los beneficios de las tutorías sin que el estudiante deba utilizar su tiempo fuera de clase para asistir al Centro, y sin tener que realizar cambios abruptos en la estructura de las asignaturas para que sean catalogadas “de escritura intensiva.”
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