El presente texto, escrito por Paula Carlino, desarrolla y defiende de principio a fin una idea bastante interesante: la gran mayoría de estudiantes universitarios experimentan dificultades con su proceso de escritura de textos académicos. No obstante, dichas dificultades no provienen únicamente de los estudiantes, sino que también se deben a las condiciones pedagógicas que imponen los docentes. Para desarrollar lo anterior, Carlino se refiere a cuatro problemas centrales encontrados en el proceso de escritura de los universitarios: no tener en cuenta al lector, desaprovechar la potencialidad epistémica del escribir, revisar sólo la superficie del texto, y postergar el momento de empezar a escribir. Después de señalar y analizar cada una de ellas, la autora reconoce que algunos de los aspectos que enmarcan dichas dificultades, se deben a la actividad de los docentes.
Los profesores universitarios, con el fin de optimizar el proceso de escritura de sus pupilos, deberían tener en cuenta una serie de factores a la hora de asignar la realización de un texto: otorgarle al alumno el tiempo suficiente para cumplir con la tarea, ofrecer las herramientas necesarias para su elaboración, proveer retroalimentación, y crear las condiciones para favorecer la reescritura sustantiva de los borradores. La ausencia de dichos factores demuestra, como lo plantea la autora al final de su texto, que los problemas en el proceso de escritura estudiantil no son sólo de los estudiantes, sino de toda la cultura académica, universitaria y preuniversitaria. Esta cultura “ha tendido a usar la escritura sólo en forma instrumental pero no a reflexionar sobre ella ni a darle un lugar para el aprendizaje y la producción del conocimiento. " (Carlino, 1998)
Es posible relacionar los problemas esbozados por Carlino con cada una de las etapas del proceso de escritura. La primera dificultad, no tener en cuenta al lector, ocurre en las dos primeras etapas del proceso: representarse la tarea, y generar ideas. En estas, el escritor debe realizar un análisis del lector potencial y “dialogar” con él para que la intencionalidad del texto y las ideas generadas estén en función de la comprensión del escrito por parte de su destinatario, en lugar del proceso de pensamiento del autor. La segunda dificultad, desaprovechar la potencialidad epistémica del escribir, se da en la etapa de planificación y en la de textualización. Es muy común dentro del proceso de escritura de los estudiantes universitarios, limitarse a trasladar al texto lo que saben previamente sobre un tema sin adecuarlo a la intencionalidad del escrito o a las necesidades informativas del lector. En la etapa de planificación, no organizan sus conocimientos de acuerdo al propósito del texto, lo que hace que escriban centrados únicamente en sus puntos de vista en lugar de adoptar la perspectiva del destinatario.
El siguiente problema de escritura, revisar sólo la superficie del texto, como su nombre lo indica ocurre en las etapas de revisión: evaluar y diagnosticar, y operar cambios. Muchos estudiantes son reacios a efectuar transformaciones de fondo en sus escritos, es decir, modificar el sentido del texto o ampliar sus perspectivas y nociones. En su lugar, lo que hacen al terminar de escribir es centrarse en la corrección de errores ortográficos o en subsanar errores superficiales línea por línea. Lo ideal sería que concibiesen el texto como un conjunto de significado en su totalidad, y lo analizasen globalmente. La ultima de las tendencias, postergar el momento de empezar a escribir, ocurre entre las etapas de planificación y textualización. Generalmente, los estudiantes pasan mucho tiempo investigando acerca del tema de su escrito pero no organizan sus propias ideas con respecto a lo que leen. Esto hace que se queden mucho más tiempo del conveniente en la etapa de planificación y no la realicen satisfactoriamente, ya que no generan ideas originales. Al pasar a la etapa de textualización, su escrito reflejará las posiciones de los autores investigados pero no contará con opiniones relativamente independientes esbozadas por el estudiante.
Personalmente, me encuentro de acuerdo con todo lo planteado por Paula Carlino y admiro su forma de sintetizar y clarificar cada uno de los problemas. Basta con leer un pequeño número de escritos realizados por universitarios para percatarse de las dificultades existentes en éstos. Debido a que la mayoría de estudiantes son relativamente jóvenes y apenas se inician en el proceso de escritura, uno podría pensar que los problemas observados son culpa suya. No obstante, la responsabilidad también recae sobre las instituciones educativas ya que su labor no es sólo impartir conocimiento sobre determinada disciplina, sino que además deben facultar al estudiante para expresar ese conocimiento de manera escrita. Además, son los profesores los que deben crear un ambiente propicio para la realización de un texto: deben conceder el tiempo necesario, acompañar al estudiante en el proceso, y ofrecer una retroalimentación satisfactoria. Una vez dado esto, el alumno tendrá más herramientas para enfrentarse a la escritura de textos académicos e ir mejorando cada vez más su propio desempeño. Todos los procesos académicos requieren de compromiso y acompañamiento por parte de la institución y los estudiantes, es por esto que estoy totalmente de acuerdo con lo planteado por Carlino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario